Que suerte la tuya! - me decía con un tono de voz parecido al que produce un disco puesto a menor velocidad que la adecuada,
Muy pronto, entre cada una de las palabras, se atropellaban los pensamientos. Había encontrao el lenguage perfecto, auténtico y original: el lenguaje que utlizaron Adán y Eva. Pero, al tratar de expresarlo, las palabras que pronunciaba no tenían nada que ver con mis pensamientos. Perdía, se me escapaba ese objeto maravilloso, incalculable y auténtico, eso que debe ser guardado para la posteridad. Me sentí terriblemente, incapaz de decir una palabra, y caí sobre el suelo, cerré los ojos y la música empezó a absorberme físicamente. Podía olearla y tocarla con la misma precisión que la oía. Nunca habia existido nada tan hermoso. Yo era parte de cada uno de los instrumentos. Cada nota tenía carácter, forma y color propios y parecía enternamente autónoma, de manera que yo podá captar y precisar su relación con la composición en su conjunto, antes de que sonara la nota siguiente. Mi mente poseía la sabiduría de los siglos y no había palabras apropiadas para describirlo.
Mis ojos se detuvieron en una revista que estaba sobre la mesa y pude verla en cien dimensiones. Era tan bella que no podía soportarla, y cerré los ojos. Inmediatamente me quedé flotando hacia otra esfera, otro mundo, otro estado. Las cosas se escapabn de mi ser y volvían privándome del aire, como al descender velozmente en ascensor. No podia distinguir lo real de lo irreal. ¿Era yo mesa, libro, musica o solo parte de ellos? Pero en realidad no tenía la menor importancia, pues, fuese yo lo que fuese, aquello era maravilloso. Por primera vez en mi vida supe que todo me estaba permitido. Bailaba ante el grupo, interpretando, exhibiéndome y disfrutándo en todos los instantes.
Mi sensibilidad alcanzó tal niverl que podía oír la respiración de de alguien en el piso de al lado, podía oler a millas de distancia a quien estuviera preparando gelatina de naranja, rojo, o verde...
Tras lo que me pareció una eternidad, empecé a desplomarme y la fiesta se sigregaba. Creo haberle preguntado a Fer qué había ocurrido, y ella me dijo que era la música lo que habia sentido.